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Extraña realidad

 

 

Hace ya un largo tiempo que entrevisté a don José Ortega y Gasset después de su muerte, ocurrida el 18 de octubre de 1955. Supongo que D. José me perdonará esta licencia estilística, puesto que él mismo usó la metáfora y la ironía como un recurso de su especial sentido humorístico, ¿Verdad don José?

Ortega.– Es muy cierto. Por ejemplo, ¿qué le parece aquello que dije?: «Hay quien ha venido al mundo para enamorarse de una sola mujer y, consecuentemente, no es probable que tropiece con ella». ¿Y esta otra: «La vida humana eterna sería insoportable».
Yo.– Si, lo recuerdo, y otras como «el malvado descansa algunas veces, el necio jamás». O que el historiador era un «profeta al revés».
Ortega.– Fíjese que en mis largas discusiones con Unamuno le ataqué por su falta de sentido del humor, además de por otras muchas otras cosas.
Yo.– Se refiere usted, sin duda, al agrio debate sobre la europeización de España o la españolización de Europa. Recuerdo la frase de Unamuno cuando decía «que inventen ellos».
Ortega.– Claro, claro. No sé si me pasé cuando escribí que no era la primera vez que hemos pensado si el matiz rojo y encendido de las torres salmantinas les vendrá de que las piedras aquellas, venerables, se ruborizan oyendo lo que Unamuno dice, cuando a la tarde pasea entre ellas.
Yo.– Pero usted tuvo una constelación de pensadores girando entorno suyo. Por decir algunos, García Morente, Zubiri, Julián Marías, María Zambrano, Ferrater Mora…
Ortega.– Perdone que le interrumpa. Es verdad lo que me dice, pero mis escritos tuvieron más eco fuera de España, sobre todo en Alemania, donde estudié en varias universidades. Sobre todo me referiré a Marburgo.
Yo.– Pero,… no me negará que como ensayista, fundador y alma de Revista de Occidente, articulista, contertulio, conferenciante, era usted insuperable. Su forma de hablar y de escribir ha dejado una huella imborrable en España.
Ortega.– Verá. Quise durante toda mi vida que entraran los aires frescos europeos en muestro árido panorama. No se debe obviar que mi actuación política protagonizó esa inquietud, pero la República no terminó de entenderlo. Con el golpe militar tuve que exiliarme. París, Países Bajos, Argentina, Lisboa fueron jalones de mi trayecto vital. No estuve con nadie y eso me acarreó muchos disgustos. Situación parecida se produjo cuando volví a España a dar conferencias, clases y otras menudencias. Muchos seguidores míos no lo entendieron.
Yo.– O lo malinterpretaron. Usted escribió que no se puede vivir sin una interpretación de la vida.
Ortega.– Es cierto, no se puede vivir sin una interpretación de la vida. La vida es una extraña realidad que lleva en sí su propia interpretación. Esta interpretación es, a la par, justificación. Yo tengo, quiera o no, que justificar ante mí cada uno de mis actos. La vida humana, es, pues, a un tiempo delito, reo y juez. Precisamente porque la vida es siempre perplejidad, no saber qué hacer, es también siempre esfuerzo para orientarse.
Yo.– Un momento, maestro, se puso de moda en Europa que la orientación debía salir de lo instintivo, otros opinaban que la orientación debe fundamentarse en la razón. ¿Y usted?…
Ortega.– Ni lo uno, ni lo otro. Es verdad que Europa se dejó encantar por lo razonable, siguiendo a los griegos, y no deja de ser verdad que se exageró. La razón es solo una forma y una función de la vida, pero surge de ella. El error de Sócrates fue suplantar la vida por la razón, y el error de Nietzsche fue la exaltación de la vida sin razón. La vida humana es el quehacer del yo con las cosas. Escúcheme, las piedras, los animales, viven: son su vida. El animal se mueve, siente dolor, desarrolla sus miembros: él es su vida. La piedra yace sumida en un eterno sopor, en un sueño denso que pesa sobre la tierra: su inercia es su vida. Pero ni la piedra ni el animal se percatan de que viven. Cuando nació el hombre, cuando empezó a vivir, comenzó asimismo la vida universal.
Yo.– Don José, no quiero robarle más a su descanso. Le doy mil gracias, y me confieso un ferviente admirador suyo. Mi proyecto vital quiera que podamos charlar de nuevo más distendidamente. Naturalmente en el sitio que usted me indique.

Texto de Antonio Hurtado

 

Calientes diálogos

 

 

Parece que las entrevistas se iniciaron a mitad del XIX, aunque hay quien defiende que existieron bastantes entrado el XVII. Aquí está la demostración. Es una conversación con Hobbes mantenida poco después de morir. Fue así:
Yo.— ¿Cuándo nació usted señor Hobbes?
Hobbes.— Creo que fue en 1588. Viví unos 91 años, si se puede llamar vida a un continuo viajar, huir, entrevistarme con científicos, publicar para que se me atacara de forma inmisericorde…
Yo.— Un momento, un momento. Creo que debemos ir por partes aunque sea de forma sucinta. ¿A qué se dedicaba usted?, ¿Era tal vez profesor, investigador…?
Hobbes.— Hummm… Verá es difícil contestarle. Estuve mucho tiempo ligado a la familia Cavendish, como tutor y otras cosas más. Fui profesor de Matemáticas del que sería rey de Inglaterra como Carlos II, al que había conocido en París en mi época de destierro voluntario y en su época de destierro político. Me dedicaba a escribir un poco de todo. Así publiqué cosas muy ligadas a la física mecanicista. También contra Descartes, pero, sobre todo, en el terreno social y político.
Yo.— Eso quiere decir que el gran Hobbes estuvo volcado en lo que podríamos llamar terreno científico. ¿No es así?
Hobbes.— Pues si y no. Tuve mucho contacto con científicos, a los que debo mi concepción mecanicista, pero hay otras cosas. ¿Sabe que escribí una autobiografía en verso?, ¿Sabe que traduje la Ilíada y la Odisea?
Yo.— Vaya hombre, me deja usted sorprendido. Aunque no creo que condenaran sus libros por eso.
Hobbes.— ¡Definitivamente no! Además usted es demasiado indulgente si piensa que se limitaron a ello.
Yo.— ¿Ah, no? ¿Qué más pasó?
Hobbes.— Miedo. Oiga, quemaron públicamente mis libros. Una vez en vida y otra después de muerto. ¡Qué vergüenza! Se debería repasar las quemas de libros a lo largo de la historia para darse uno cuenta de lo que es el miedo a la libertad de pensamiento.
Yo.— ¿Qué defendía usted, mi querido Hobbes, para que se produjera esta deshonra?
Hobbes.— Verá, eran ideas, y las ideas producen miedo y el miedo inseguridad. Los sistemas que se llevaban eran contrarios a la libertad y a la razón. Yo me apoyo en la razón, pero no estoy de acuerdo en cómo la enfoca Descartes. La razón no es infalible, aunque es cierto que necesite método. Tampoco soy mi pensamiento. Es como si dijera que «yo estoy paseando por lo tanto soy un paseo». Los animales también tienen su razón, anticipan, ponen medios y acomodan su conducta al resultado.
Yo.— No veo muy bien que eso causara problemas más allá de una discusión.
Hobbes.— Verá. Yo estudio la sociedad, la observo y saco conclusiones. Por ejemplo sabe que la sociedad inglesa está dividida entre monárquicos y parlamentarios. Unos, que si el poder viene de Dios, los otros, que debe compartirlo con el pueblo. Pues están equivocados los dos. La naturaleza humana, ella misma, los contradice. Hay dos fuerzas en el hombre, una es la avidez que pretende gozar él solo. Por eso un hombre siente a otro como un lobo que quiere apoderarse de lo suyo. Ñam, y ya está. Pero también existe la razón que siente miedo y quiere huir de la muerte violenta. La única forma de hacer todo este lío congruente es establecer un contrato por el que todos someten su voluntad al Estado, el Leviatán, que armoniza a tantos lobos como existen.
Yo.— ¿Pero eso conduce al absolutismo, emanado no de Dios sino de la razón?
Hobbes.— Sí. Por eso unos y otros me persiguieron a mí y a mis libros. Tenían miedo de mis ideas. En especial de mi libro Leviatán.
Yo.— ¿Esto quiere decir que el único motivo de la sociedad es la seguridad de la propia vida. Es decir, el miedo?
Hobbes.— Si, yo siempre he dicho que nací hermanado con el miedo… El tema es difícil, lo sé, seguramente otros intentarán otra explicación, pero, ¿porqué no lo discutimos sin que haya fuego de por medio?

Texto de Antonio Hurtado

 

No quiero a los asesinos del tiempo

 

Antonio Hurtado

Antonio Hurtado es autor de los textos de «Tiempo, luego existo», nuestro calendario de 2015.

Ha dedicado su vida profesional a la enseñanza de la Filosofía y para nosotros ha sido un placer y un lujo contar con su colaboración. Por tanto, vaya por delante nuestro agradecimiento.

Antonio, tu reacción a nuestra propuesta fue «Un calendario de filosofía, ¿para qué?, si ni siquiera tiene reconocimiento en los planes de estudio». ¿Qué está pasando en la Enseñanza con esta materia?

Si pudiera contestar en plan «cara sorprendida por la pregunta» diría algo así como … «y yo que sé». No sabemos qué pasa de verdad con la economía, no sabemos qué pasa con la política, no sabemos qué pasa con la cultura. No sabemos de verdad cuántos defraudan. Bueno no saber «ná de ná», eso tampoco. Conocemos por ejemplo, los resultados del fútbol, los últimos avances en comunicación, el mundo de las divas y divos, los centenares de escándalos, y hasta cómo son las casas de aquellos que, por decirlo así, tienen buen gusto. Es curioso como en época de crisis hasta se ponen de moda las enseñanzas de los cocineros. ¿Qué está pasando con la filosofía?… No quiero dogmatizar pero parece que los conocimientos de lo que se denominaba cultura general no son productivos, ni entran en ningún tipo de currículo, ni sirven a corto plazo para producir. Incluso el terreno de la cultura general se liliputiza, se hace pequeñísimo. No interesa mirar hacia otros lugares. Ya no se enseña Historia del arte, Historia universal, Literatura universal. Eso es una ventana demasiado grande y lo único que puede producir es pulmonía. No pretendamos, entonces, que la filosofía «ayude» a la gente a entrar en los hospitales.

¿Qué aporta, o debería aportar, el conocimiento de la filosofía a los jóvenes estudiantes?

Una vez que se pierde el miedo a enfermar por entrar en contacto con la filosofía, se recogen varios beneficios. Me acuerdo de muchos, digo muchos, estudiantes que, al final, opinaban que todos deberían estudiarla. No hablo yo, exponen ellos cuando dicen «…me ha ayudado a conocerme,… ahora entiendo muchas cosas». Incluso un poco lo que sucede en este momento, «… estaba deseando que llegara esa clase porque es como una ventana al mundo,… al menos, comparando tantas teorías, empiezo a saber lo que es tener espíritu crítico,… se me han ocurrido ideas parecidas,…yo pensaba que era un rollo», etc., etc.

En tiempos de tribulación no hacer mudanza aconsejaba el sabio. Pero siempre es tiempo de revisar el amueblamiento de nuestras cabezas. A qué filósofos aconsejarías acudir hoy para encontrar claves que ayuden a interpretar los signos de estos tiempos.

Pues… pues…, pues no sé qué decirte; yo acudiría un poco a todos, incluso a los que no me gustan. Pienso que se deben exponer en el suelo de la calle para que el posible comprador los examine. Puede ser que incluso le lleguen a orientar varios filósofos, incluso muy diferentes e incluso opuestos. Eso es magnífico. Así empiezan a tener que elegir y a montarse su orientación propia. Y hago hincapié en la palabrita «orientación» porque pensar, como emocionarse o aceptar pulsiones son formas de ser humanos. Así nos alejamos, por ejemplo, de las polillas de la luz, que erre que erre van siempre a lo mismo. ¿O es que los planes de enseñanza quieren eso?

Como profesor, ¿qué te parece pretender que un calendario sirva, aunque modesto, como medio para divulgar ideas o conocimientos?

​Bien, después de la sorpresa porque dos personas quisieran divulgar filosofía, y música, y literatura y tantos íes más, me produjo una satisfacción grandísima y todo lo que lleve a ello merece la pena, penita, pena. Si es efectivo o no, desaparece de mi cuadro de valores, ni lo sé, ni me interesa.

Por favor, recomiéndanos algunas lecturas que abran el apetito filosófico.

​Muchos filósofos han sido también estupendos artífices de la palabra. La han pensado, la han cuidado, la han mimado como pocos. Y muchos escritores, que han hecho lo mismo también, son un medio excelente para iniciar el camino de pensar por uno mismo. En ese sentido me atrevería a señalar algunos libros, muchos de ellos archiconocidos:

Historia de la filosofía griega, I, y II  de Luciano di Crescenzo. El mundo de Sofía de Jostein Gaarder. Farenheit 451 de Ray Bradbury. Un mundo feliz de Aldous Huxley. Rebelión en la granja y 1984 de George Orwell. 2001: Una odisea espacial  de Arthur C. Clarke. Vida y destino de Vasili Grossman. Solaris y Diario de las estrellas de Stanislaw Lem.
Lecturas recomendadas por Antonio Hurtado
De los llamados filósofos, así como suena, podría empezarse por Ortega, que, dicho sea de paso, ha manejado el lenguaje tan acertadamente que, incluso, inventa términos de estricto carácter filosófico en castellano, lengua no muy usada en el desarrollo de ideas abstractas. Bueno, claro está, Platón y todos los demás…

En algunos de tus escritos para «Tiempo, luego existo», dialogas con los personajes. Si te tocara un viaje en la máquina del tiempo, ¿con que filósofo/a te echarías unos días de convivencia y charla?

​Por todos los dioses eso sí es difícil decidirlo. Por supuesto con muchísimos, pero no con todos. Pero esto último no me lo preguntáis. Entonces al toro, y por poner dos de distintas épocas me gustaría mucho conversar con Don José. Me refiero, claro está, a Don José Ortega y Gasset. Me gustaría saber qué pensaría hoy de la situación de nuestro país. Me pedís uno, pero me encantaría explorar el interior de Ockham. ¡Ese paso del Medioevo al Renacimiento, esa forma de enfrentarse con la doctrina establecida!…

La edad te otorga experiencia, y esto va de filosofía y calendarios. Así que la cuestión viene rodada: cual sería tu consejo para disfrutar del paso del tiempo y no vivirlo negativamente.

​Podría recordar aquí la utilidad de Internet, existen miles de páginas de cómo sacar provecho del tiempo, que resulta así una gran vaca a la que tenemos que saber ordeñar. No voy a ir yo por ahí…, mi escasa experiencia campesina me lo prohíbe.
Lo primero que me viene, así de sopetón, es que no lo matemos. No quiero a los asesinos del tiempo, me producen rabia y poca tolerancia. Para ellos todo tiene que ir más rápido, todo tiene que estar listo en «nada de tiempo», el coche debe tardar menos, el ordenador también. Para ellos tener tiempo huele al aroma desagradable y húmedo del aburrimiento. Tener tiempo, aunque no lo parezca, es enfrentarse con uno mismo y poder observar lo que le rodea. Por eso muchos sueñan con que la jubilación les dará tiempo y luego se preguntan para qué narices lo tienen, y es que tener tiempo es tenerse.

Bueno perdón por extenderme, pero es que le hacen a uno cada pregunta…


En nuestra edición, Antonio cuenta esto de sí mismo:
Estudió Filosofía, Arte, algo de Sociología e Historia de las religiones en Roma, Valencia y Sevilla. También en la calle.
Ha dado clases y conferencias en España, Colombia y Ecuador. Ha impartido clases en el colegio de los PP. Escolapios de Sevilla. Y después de sacar la Cátedra de Instituto, por suerte claro está, en Carmona, Coria, y en el magnífico Instituto Triana, el mejor de la calle San Jacinto.
Ha escrito libros de ensayo y de texto junto a entrañables amigos. Así, la Filosofía de 1o de bachillerato, la Ética, y la Historia de la filosofía de 2o. También Modelos de pensamiento, este sin nada que ver con la docencia.
Total, que en realidad tiene pocas cosas que interesen,a no ser algo de buena voluntad que, como el buen vino, no debe faltar nunca.

Carmen y el vuelo de las cigüeñas

CARMEN RODRÍGUEZ es profesora de Lengua y Literatura españolas en un instituto de Sevilla. Ha publicado el poemario Contra todo pronóstico, mantiene un blog sobre literatura, dirige un taller de escritura y ahora anda poniendo los cimientos de su primera novela.
El azar quiso que se cruzase en nuestras vidas cuando andábamos pergeñando la edición de un calendario sobre las supersticiones. Le lanzamos la idea de escribir unos relatos breves que acompañasen a cada una de las ilustraciones y… ¡que suerte conocer a Carmen!
Eso es lo que podemos decir tras la experiencia de trabajar con ella. Aunque ya desde el primer día su entusiasmo e imaginación nos sorprendieron.
Así que vaya por delante nuestro más sincero agradecimiento por apuntarse a este carro y haber tirado de él con tanta energía y dedicación.

 

Carmen ¿por qué te sedujo escribir para un soporte, en principio, tan inesperado como un calendario?

La verdad es que no me lo pensé mucho; me lo propusisteis y acepté. Después me dije:  ¡Madre mía, en qué lío me he metido!; pero estoy contenta con la experiencia.

Escribir sobre las supersticiones ¿trae buena o mala suerte?

Quiero creer que buena, porque si no, aviados vamos. En cualquier caso, más que en la suerte creo en el trabajo y en la voluntad decidida de sacar adelante los proyectos.

Tu blog se llama Venganza de una mano mortal, y en Good Luck! uno de tus personajes dice que la literatura es la mejor forma de venganza que existe. Háblanos de esta idea.

El nombre de mi blog proviene de unos versos de Wislawa Szimborska: «Alegría de escribir./ Poder de eternizar. / Venganza de una mano mortal.» También, en ese mismo poema, y refiriéndose a la escritura, dice: «Aquí, negro sobre blanco, rigen otras leyes». Lo que quiere decir que el escritor cuando escribe es absolutamente libre de inventarse un mundo en el que imperan sus propias reglas. Y esto es una forma de venganza de la vida, en la que no hay forma de evitar realidades como el paso inexorable del tiempo, o la muerte.

En cuanto al calendario, los relatos son bastante literarios, y el personaje al que te refieres es Horacio, que aparece en «La escalera», el cuento correspondiente al mes de enero. De manera que esa afirmación es una especie de declaración de principios.

Los relatos de Good Luck! son necesariamente breves: alrededor de setecientas palabras en cada uno. Pero con ellas, te las arreglas para que tengamos la sensación de haber leído una historia mucho más profunda y rica de lo que, por extensión, podríamos esperar. ¿Cómo se consigue esto?

Pues a fuerza de trabajo, dándoles vueltas y más vueltas a las palabras hasta que queden reducidas a lo esencial. Pulir mucho. He intentado que no sobre ni una coma; aunque espero que tampoco falten.

Además de tocar el tema de la superstición, en tus historias el primer plano lo ocupan los sentimientos y actitudes de los personajes. ¿Son ellos, los sentimientos, los que realmente atraen la buena o mala suerte?

Más que los sentimientos, es la actitud. Yo soy de las que se levantan pensando a ver qué cosa buena me va a pasar hoy. Y no es necesario que me toque la lotería. A veces, el simple hecho de salir a la calle, caminar, ver gente y luz, me hace sentir afortunada. Todo eso es tener suerte.

Las ilustraciones ya estaban acabadas, y tú has escrito conociéndolas previamente. ¿Te ha influenciado en algo este hecho?

Sí, porque a mí la imagen me condiciona mucho; y más un dibujo hecho a base de letras. Desde el principio estaba convencida de que esas ilustraciones enriquecerían mi texto y, la verdad, en la mayoría de los casos, estoy satisfecha con el resultado.

Recomiéndanos algunos autores y títulos de narrativa breve.

Si quieres cuentos super breves, los de Raymond Carver. Y también, estos ya más largos, los de Alice Munro, recién galardonada con el Nobel de literatura.

Sobre la marcha, ¿podrías regalarnos un aforismo, pequeño poema o brevísimo relato acerca del calendario como objeto cotidiano?

Pues no sé. En estos tiempos de tanta tecnología, me llama la atención su supervivencia. Hace unos días estaba yo en la plaza, comprando fruta, y a mi lado había un señor con un catálogo de fotos de diferentes de imágenes religiosas: la Esperanza de Triana, la Macarena, la Amargura, que iba pasando y comentando; pues esta es preciosa, y esta también. El frutero asentía. Se trataba de elegir el calendario publicitario del próximo año 2014.  Es una costumbre muy popular la de tener un calendario colgado en la pared, donde se vean bien los números.  Después, los hay más artísticos y sofisticados, como los de Time Sapiens.

 

Carmen también nos ha ayudado en la selección de citas destinadas a ir abriendo boca en nuestro facebook sobre el tema superstición-literatura, y a ella debemos esta de Italo Calvino que acompañó a la ilustración que encabeza esta entrevista:

«El vizconde Medardo había aprendido que en aquel país el vuelo de las cigüeñas es señal de buena suerte» El vizconde demediado.

Carmen ha sido un placer: muchas gracias y Good Luck!

 

Bob Shillock

Bob Shillock

Sevilla, otoño de 2012.

 Bob Shillock, el autor de las ilustraciones de HOMO DRAMATIKUS, parece extraterrestre: no lo busquen en internet ni en las páginas amarillas. También actor, vive enrolándose en grupos de teatro ambulantes, carece de residencia estable y (aunque tiene pasaporte) dice no saber ni interesarle averiguar su nacionalidad: «Al igual que a Cyrano, me parece una gran necedad confundir el alma con las fronteras».

 

¿Porqué te animaste a hacer este trabajo para Time Sapiens?.

Amo el teatro y me encantó la idea de llevarlo al formato de calendario ilustrado.

Me recordó las antiguas ediciones de El pobre Richard que, como sabéis, fue el seudónimo que adoptó Benjamin Franklin como autor de un almanaque que editó durante más de cincuenta años. En ellos se incluía información y consejos sobre temas muy diversos, y que tuvieron gran influencia sobre la población y cultura pre-estadounidense. Además le dieron mucha fama y dinero.

 

¿Cómo trabajas?, ¿cuales son tus motivos de inspiración?, ¿usas papel y herramientas clásicas o las digitales?

Comienzo a trabajar con bocetos a mano y los finalizo en el iPad. Trato de conseguir una ilustración que sea divertida y amable, y suelo partir de asociaciones de ideas hilvanadas con cierta ironía.

 

¿Dónde está esa ironía en HOMO DRAMATIKUS?.

Era difícil sustraerse a la actual situación social y política española, así que hay algunas alusiones gráficas, sin pretender hacer caricatura, a ciertos personajes.

 

Bob Shillock¿Como por ejemplo…?.

Las caras de Vladimir y Estragon están basadas en las de Zapatero y Rubalcaba.

Me pareció que existía cierta semejanza en su eterna espera (de brotes verdes, de que no fuera para tanto, de que fuera cierto que la banca española era la mejor del mundo…) aguardando sin convicción la llegada de algo o alguien que les ayudara a entender qué hacían conviviendo con la crueldad del sistema neocom. Igual que les ocurre a los personajes de Beckett con el déspota Pozzo y su esclavo Lucky. Estaban ante la bestia y ellos seguían esperando a Godot.

También tras la faz de Tartufo se esconde la de Rajoy:

Ambos hacen lo contrario de lo que dicen. Ambos prometen la salvación tras los sacrificios. Ambos amenazan con el desastre si se desoyen sus consejos. Ambos fomentan el sentido de culpabilidad de las víctimas para desposeerlas no solo de lo material sino también de su propia autoestima.

Luego hay un par de referencias más concretas. Ubú tiene la cara de Franco, y La Celestina toma el color y su ojo nublado del cuadro de Picasso, y su tela de araña se la debo a una magistral puesta en escena que hizo Ángel Facio en los años ochenta.

 

Y, para finalizar, además de agradecer tu entusiasmo en este trabajo, nos gustaría saber en que andas metido ahora o si deseas añadir algún comentario.

Estoy preparando el papel de Antonio del Mercader de Venecia de Shakespeare, para viajar con una troupe por la India y Vietnam.

Este personaje dice en un momento de la obra: Tengo al mundo por lo que es: la escena de un teatro, donde todos tenemos un papel; el mío es triste.

Me gustaría animar a todos a no conformarse con el papel que le asignen en la representación, y a luchar por interpretar aquel con el que soñaron de niños.

Y a Time Sapiens le deseo: ¡mucha mierda!.

 

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